Singularu nace en 2014 en el entorno online. En 2017, la marca da el salto al retail físico con el objetivo de trasladar su experiencia digital a tiendas.
La propuesta se basa en un modelo de tienda replicable, donde el proceso de compra se caracteriza por la rapidez y el autoservicio. Para ello, se apuesta por una organización ágil, una reposición eficiente y un mobiliario abierto que facilita la interacción con el producto.
A nivel estético, el objetivo es crear una atmósfera acogedora, digital y femenina. El espacio se construye a partir de un lenguaje gráfico marcado, con predominio del color blanco, detalles en rosa y acentos en negro que aportan contraste y personalidad.